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Señorear es administrar, no es destruir, y ellos saben cómo hacerlo

Notas sobre un viaje extraordinario relatado por Christopher Baker en BBC TRAVEL.

El pueblo Arhuaco en Colombia recibió su llamado. Defender la naturaleza que los destructores con nuestro modo de vida estamos devastando.

“El Hermano Menor está dañando el mundo. Está en el camino de la destrucción. Debe entender y cambiar su forma de ser, o el mundo morirá” Luis Guillermo Izquierdo quien es un mamo, en su pueblo esto es, líder espiritual.

Ellos viven en la zona de la Sierra Nevada de Santa Marta, al norte de Colombia. Han dejado el aislamiento en que vivían para defender la naturaleza, único lugar donde los humanos podemos vivir…

Es que somos parte de la naturaleza, defenderla es defender nuestro único medio de supervivencia.

Pueblos originarios en Latinoamérica toman esta lucha de supervivencia muy en serio, hay una claridad que el hombre actual ha perdido, incluso aquellos que nos llamamos creyentes y olvidamos que Dios nos encomendó administrar (señorear) la Creación, no destruirla…

Este pueblo desciende de los Tayrona y su líder propone una lucha pacífica, necesaria y muy simple de comprender:

“Queremos que los hermanos menores sepan más sobre nuestra cultura. De esa manera podemos evitar que destruyan el mundo”, dice, refiriéndose al mundo moderno más allá de las montañas.

La Sierra Nevada de Santa Marta, donde viven, es la cadena montañosa más alta del mundo a orillas del mar y es allí donde la maravilla de la Creación se manifiesta de manera extraordinaria, con selva ecuatorial, humedales costeros, tundra alpina y picos glaciares.

La belleza de este lugar es increíble y la diversidad biológica muy importante. Es por esto que en 1979 fue declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera de la Humanidad. La revista Science en 2013 la nombró la reserva natural “más irremplazable” del mundo.

Los pueblos que habitan esta zona son los Arhuaco, los Kogi y los Wiwa. Son unos 90.000 habitantes. Ellos se denominan a sí mismos los “Hermanos mayores” y se rigen por los mamos, quienes mantienen una antigua cosmovisión basada en el culto y cuidado de la naturaleza, allí en Sierra Nevada de Santa Marta, lugar que ellos consideran el corazón del mundo. Ellos dicen que quienes poblamos las ciudades somos los “Hermanos menores”.

Esta psicología práctica de los líderes espirituales, nos invita a vernos como niños que sólo queremos lo que deseamos sin pensar en las consecuencias de nuestra desmesura.

Cabe destacar que estos pueblos van entendiendo desde su cosmovisión lo que está sucediendo, y es que Colombia se está calentando dos veces más rápido que el resto del mundo.

Estos pueblos consideran como una realidad que la Tierra siente el daño que le causamos. Para nuestra visión occidental es casi incomprensible esto.

La jungla en la que viven es casi inaccesible y así han vivido aislados por completo por siglos, pero aún allí llegan las consecuencias de nuestro modo de vida de derroche y consumo desmedido.

Desde hace unas 3 décadas, vienen observando que la nieve va desapareciendo de los picos, los cursos de agua se vienen secando y las especies más sensibles como anfibios y mariposas han ido desapareciendo.

Ante esta realidad tan innegable como trágica en 1987 se unieron los pueblos de la Sierra y crearon la organización Gonawindúa Tayrona que trabaja activamente a nivel gubernamental en defensa del medio ambiente.

Entre las decisiones más fuertes para evitar el cambio climático podemos destacar esta:

“He decidido no tener hijos para ayudar a combatir el cambio climático”

No está permitido para quien no es parte de estos pueblos ingresar a la zona. En 1983, el gobierno colombiano reconoció legalmente este resguardo. Los Kogi habitan su propio resguardo en la ladera norte, y los Wiwa al sureste.

La forma de producción de café orgánico y cacao del que viven estos pueblos es un modelo de agricultura que podría aplicarse en todo el mundo y de esta manera recuperar todo lo que venimos perdiendo, una agricultura orgánica, sin pesticidas dañinos ni otros insumos, que nos brinde alimento sin destruir.

La integración de la economía globalizada y monetaria de los pueblos originarios de esta zona, les permite difundir su cultura respetuosa y en armonía con la naturaleza y además obtener los ingresos necesarios para poder comprar tierras que alguna vez fueron suyas, pero hoy están en poder de agricultores intensivos que contaminan y sobreexplotan.

Su plan sencillo pero eficaz, es que el pueblo Arhuaco llegue a controlar más de 190.000 hectáreas, y así como si de un rompecabezas, se tratare, recuperar territorios ancestrales.

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